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La familia Ratón

Editado
© Juan Suárez
11 de marzo del 2003
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La familia Ratón
Capítulo XIV

La habitación del príncipe Ratín y de la princesa Ratina es, seguramente, una de las más hermosas del palacio. ¿No la considera por ventura el príncipe como el estuche de la inapreciable joya que ahora posee...? A ella es adonde van a ser conducidos con gran pompa los recién casados.

Mas, antes de que los nuevos esposos hubieran sido introducidos, dos personas pudieron penetrar en la habitación.

Ahora bien, esas dos personas, vosotros ya lo habéis adivinado de seguro, son el príncipe Kissador y el encantador Gardafur.

He aquí las frases que entre ellos se han cruzado:

-¡Ya sabes lo que me has prometido, Gardafur!

-Sí, príncipe, y esta vez nada habrá que me impida el raptar a Ratina para vuestra Alteza.

-¡Y cuando sea princesa de Kissador, no tendrá por qué lamentarlo!

-Ésa es mi opinión -respondió aquel adulador de Gardafur.

-¿Estás seguro de conseguir nuestros propósitos? -preguntó el príncipe con cierto temor, no del todo injustificado, en vista de los anteriores fracasos.

-Vos podréis juzgar -respondió Gardafur sacando el reloj-: dentro de tres minutos habrá transcurrido el tiempo durante el que he sido privado de mi poder de encantador; dentro de esos tres minutos mi varita habrá vuelto a ser tan poderosa como la del hada Firmenta. Si Firmenta ha podido elevar a los miembros de la familia Ratón hasta el rango de seres humanos, yo, por mi parte, puedo hacerles volver a bajar al rango de los más vulgares animales.

-Bien, Gardafur; pero quiero que Ratín y Ratina no permanezcan a solas en esta habitación ni un solo instante...

-¡No permanecerán, si es que yo he recobrado mi poder antes de que lleguen!

-¿Cuánto tiempo falta aún?

-¡Dos minutos...!

-Helos aquí.

-Voy a esconderme en este gabinete -dijo Gardafur-, y apareceré en cuanto sea necesario. Vos, príncipe, retiraos; pero permaneced tras esa puerta, y no la abráis hasta el momento en que yo exclame: « ¡A ti, Ratín! »

-Convenido, y, sobre todo, no perdones a mi rival.

-Quedaréis satisfecho.

Véase qué peligro amenaza aún a aquella honrada familia, tan probada ya, ignorante como se halla de que tan cerca tiene al príncipe y al encantador.

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