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Las indias negras
Editado
© Ariel Pérez
9 de febrero del 2002
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Indicador La escala oscilante
Indicador La salida del sol
Indicador Del lago Lomond al lago...
Indicador La última amenaza
Indicador El penitente
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Indicador La leyenda del viejo...

Las indias negras
Capítulo XXII
La leyenda del viejo Silfax

Seis meses después de estos sucesos se celebraba en la capilla de la mina el casamiento de Harry Ford y de Elena, interrumpido de un modo tan extraordinario. Inmediatamente después de recibir la bendición de manos del reverendo Hobson, los jóvenes esposos, vestidos aún de luto, volvieron a la choza.

El ingeniero y Simon Ford, libres ya de todo cuidado, presidieron alegremente la fiesta que siguió a esta ceremonia y que duró hasta el día siguiente. ¡Memorable fiesta en que Jack Ryan con su traje escocés, después de llenar de aire la tripa de su cornamusa, tocó, cantó y bailó a la vez, consiguiendo un triple triunfo y recogiendo aplausos de la reunión!

Pero al terminar la fiesta, los trabajos empezaron de nuevo como todos los días, bajo la dirección del ingeniero Jacobo Starr.

Respecto de Harry y Elena, es inútil decir si fueron felices. Ambos encontraron en su unión la felicidad que merecían.

En cuanto a Simon Ford, el capataz honorario de la Nueva Aberfoyle, esperaba vivir bastante para celebrar otra cincuentena con la buena Margarita, que tampoco deseaba otra cosa.

-¡Después de esa celebraremos otra! -decía Jack Ryan-; dos centenas de años no son muchos para usted, señor Simon.

-En efecto, hijo mío, tienes razón -respondía tranquilamente el capataz. Me parece que nada tendría de particular ser dos veces centenario en este clima de la Nueva Aberfoyle y en esta atmósfera que no experimenta las inclemencias del exterior.

Y en cuanto a los demás habitantes de Villa Carbón, ¿no podrían asistir también a esta segunda y secular ceremonia? Bien podría ser; pero sólo el porvenir podía asegurarlo.

Lo cierto es que el buho del viejo Silfax parecía que iba a gozar también esta longevidad extraordinaria; y aunque Elena quería felicidad a su lado, desde la muerte de Silfax, había huido de la choza, como si no le gustase la sociedad más que a su antiguo amo; y además parecía que guardaba cierto rencor a Harry, como si viese en él al primer raptor de Elena, con quien luchó en vano en la salida del pozo.

Así es que Elena sólo le veía desde entonces de tiempo en tiempo, volando sobre las aguas del lago Malcolm.

No se sabe si esperaba que saliese del agua su amigo de otro tiempo, o si quería descubrirlo, atravesando con sus miradas penetrantes el abismo que se había tragado a Silfax.

Cada una de estas hipótesis tuvo sus adeptos, porque el buho llegó a ser legendario e inspiró a Jack Ryan más de una historia fantástica.

A estas historias, y al alegre compañero de Harry se debe el que se cante todavía en las minas de Escocia la leyenda del pájaro de Silfax, el penitente de las minas de Aberfoyle.

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