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El testamento de un excéntrico
Editado
© Ariel Pérez
9 de diciembre del 2003
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El testamento de un excéntrico
Capítulo XVI

El 15 de mayo, al mediodía, en la oficina de Telégrafos de Fort Riley, Max Real había recibido el telegrama enviado el mismo día desde Chicago. Diez, por cinco y cinco, era el número de la segunda jugada del primer jugador.

Contando desde la octava casilla, estado de Kansas, el jugador cae en una de las casillas de Illinois. Pero la regla lo obliga a doblar este número, de manera que veinte puntos lo conducen a a la casilla veintiocho, estado de Wyoming.

-¡Feliz suerte! -dijo Max Real, cuando Tommy y él regresaron al hotel.

-Si mi amo está contento -respondió el joven-, también yo debo estarlo.

-Sí lo estoy -respondió Max Real-, por dos razones. La primera, porque el viaje no será largo, pues Kansas y Wyoming casi se tocan en uno de sus ángulos, a segunda, porque tendremos tiempo para visitar la región más hermosa de los Estados Unidos, ese maravilloso Parque Nacional de Yellowstone que aún no conozco. ¡Esto se llama buena estrella! Sacar precisamente ese número diez, que me hace adelantar un doble paso, y pone a Wyoming en mi camino. ¿Comprendes, Tommy, comprendes?

-¡No!, mi amo -respondió Tommy.

Esto importaba poco, y Max Real no podía menos que felicitarse por el resultado de la segunda jugada, aunque le pusiera tras de Lissy Wag y del comodoro Urrican. Por la primera, no le importaba, y en cuanto a este último, como es ya sabido, estaba condenado a recomenzar la partida. Y realmente, no sólo este viaje no era fatigoso, sino que permitiría al jugador número uno visitar aquel admirable rincón de Wyoming.

Así, pues, deseando consagrar a tal visita el mayor tiempo posible, y no disponiendo más que de quince días, del 15 al 29 de mayo, Max Real resolvió partir inmediatamente de la pequeña ciudad de Fort Riley.

El pintor debía encontrar en Cheyenne, capital de Wyoming, el siguiente telegrama expedido a su nombre a menos que otro no ganara antes la partida. Realmente; bastaba con que Hodge Urrican obtuviera el número diez para llegar a la casilla sesenta y tres y últirna, puesto que en la primera jugada, con gran avance sobre sus compañeros, había sido enviado a la casilla cincuenta y tres.

Si Max Real se hubiera limitado a ir desde Fort Riley a Cheyenne, hubiera efectuado este viaje de cuatrocientas cincuenta millas en un solo dia, utilizando los trenes que ponen en comunicación a las dos ciudades. Sin embargo, la distancia que tenía que recorrer sería doble por lo menos, puesto que la intención del pintor era subir hasta el ángulo noroeste de Wyoming, ocupado por el Parque Nacional.

Así que recibió el telegrarna, Max Real estudió los itinerarios del ferrocarril, para escoger el mas corto.

De este estudio resultaba que las dos líneas de la Union Pacific ofrecían, poco más o menos, las mismas garantías de rapidez.

La primera sube de Kansas a Nebraska, y, por Marysville, Kearney City, North Platte, Ogallalla y Antelope, llega el ángulo sureste de Wyoming, y conduce a Cheyenne. La segunda, por Salina, Ellis, Oagley, Monument y Wallace, toca en la frontera de Colorado a Monotony, se dirige hacia Denver, capital del estado, y por Jersey, Brighton, La Salle y Doves, gana la frontera de Wyoming para detenerse en Cheyenne.

El pabellón morado -no se habrá olvidado que éste el era el color que al primer jugador correspondía- dio la preferencia al segundo itinerario. Cuando llegara a Cheyenne combinaría otro para llegar en el plazo más breve al cuadrilátero del Parque Nacional.

Max Real partió, pues, en la tarde del día 16, con sus utensilios de pintor, quedando Tommy encargado de la maleta y ambos montaron en el tren. Inmensas, sin rampas ni pendientes, aquellas planicies occidentales de Kansas son regadas por el Arkansas, que desciende de los White Mountains de Colorado.

Durante la noche el tren franqueó la frontera geométrica de los dos estados, y al amanecer se detuvo en Denver.

Max Real no dispuso ni una hora para ver esta ciudad. El tren para Cheyenne iba a partir, y no subir en él significaría un día de retraso. El trayecto de cien millas que el tren recorre, dejando al oeste el magnífico panorama de los Snowy Ranges, se hizo rápidamente.

¿Qué es Cheyenne? Es el nombre de un río, de una ciudad, y también el de los indios que en otra época habitaban en la comarca.

La ciudad tuvo su origen en un campamento de los primeros buscadores de oro, y hoy cuenta más de doce mil habitantes.

Wyoming no tiene límites naturales. Es país de montañas imponentes y profundos valles, en los que nacen los ríos Colorado, Columbia y Missuri.

Siguiendo su costumbre, Max Real guardó el más profundo incógnito. Chayenne no supo que aquel día poseía a uno de los jugadores del match Hypperbone, al que no esperaba tan pronto. Max Real evitó, pues, las recepciones, banquetes y ceremonias con las que sin duda le hubiera obsequiado una población dispuesta al entusiasmo y a las fiestas.

Desembarcado la mañana del 16 de mayo, Max Real tomó las medidas necesarias para dirigirse sin retraso al Parque Nacional. De haber tenido más tiempo hubiera podido hacer el viaje en coche, deteniéndose a su gusto por esa región de altas planicies, innumerables arroyos y caprichosos afluentes. Visitando los sinuosos valles, los espesos bosques... Sí, caminar de este modo, con toda libertad. ¿Pero podía olvidar que en él, además de un artista, había un jugador que no se pertenecía, que juguete del azar, estaba a merced de éste, que dependía de un golpe de dados, que estaba reducido al papel de un peón de tablero de damas?... En el fondo esto no dejaba de humillarlo.

"Un peón que la casualidad mueve a su antojo", se decía, "no soy otra cosa. Esto significa el abandono de toda humana dignidad; por una probabilidad contra seis de embolsarme la herencia de ese excéntrico difunto. Yo hubiera debido enviar al diablo al notario Tornbrock y no tomar parte en esta ridícula partida; retirándome de ella hubiera dado gran satisfacción a los otros jugadores, menos a la dulce y modesta Lissy Wag, porque esta joven me ha parecido poco satisfecha de figurar en el grupo de los Siete. ¡Al diablo! ¡Allí lo mandaría ahora mismo. si no fuera por no desilusionar a mi madre! En fin, veamos cuánto puedo ver de Yellowstone en diez días."

Así razonaba Max Real después de haber estudiado el itinerario más apropiado a las circunstancias. Aparte de eso, viajar como él deseaba hubiera sido exponerse no sólo a retrasos sino a peligros, pues la parte central de Wyoming no es muy segura cuando se recorre sin escolta Es posible un mal encuentro con las fieras y hay que temer algún ataque de los indios, de esos sioux nómadas que no todos están acantonados en sus terrenos.

Dos líneas transcontinentales unen a Nueva York y San Francisco; la primera pasa por Ogden y la segunda por Topeka, Denver y sube a Cheyenne, sobre la primera línea. Desde esta ciudad, el ferrocarril atraviesa Wyoming, Utah, Nevada y California, y termina en el océano Pacífico.

Desde Utah a Ogden se extiende un ramal que pasa a corta distancia del Parque Nacional, cuyo territorio pertenece en una pequeña parte a los dos estados mencionados y al tercero en su mayor parte.

De Cheyenne a Ogden no hay más que quinientas quince millas y de Ogden a Monida, la estación más próxima del Parque Nacional, cuatrocientas cincuenta solamente; en total, menos de mil. Max Real, deseoso de llegar por el camino más corto al ángulo noroeste de Wyoming, eligió este itinerario, que si lo alejaba un poco, le permitía visitar Ogden.

Así es que aquella misma noche, guardando el mismo incógnito que a su llegada, Max Real y Tommy se instalararon en el tren y atravesaron las extensas llanuras de Laramie. Dormían profundamente cuando llegaron a la estación de Benton City. Después, sin que despertaran, el tren dejó atrás Aawlins, Granger, las Buttes Noires y penetró al fin en el territorio de Utah y se detuvo en Ogden la mañana del 27.

Allí la Union Pacific extiende un ramal de cuatrocientas cincuenta millas hasta Helena. En este mismo punto proyecta un segundo hacia el sur, que une a Ogden con Great Salt Lake City, la capital del estado, la gran ciudad mormónica de la que tanto se ha hablado.

¡Qué ocasión tenía Max Real de visitar la famosa ciudad sin apartarse más de treinta y seis millas! Abstúvose de ello, no obstante.

No hay que decir que entre la estación de Monida, donde se detuvo el jugador número uno, y el Parque Nacional, existen rápidos y cómodos medios de comunicación. Max Real pudo abandonar inmediatamente a Monida, y algunas horas después, en compañía de Tommy, llegó a su destino. Max Real permaneció allí durante todo el tiempo de que podía disponer. Por fortuna, nadie sospechaba que aquel joven fuera uno de los jugadores del match Hypperbone. Pudo, pues, ir y venir, admirando aquellas curiosidades naturales, y preciso es confesar que Max Real no olvidaría nunca las maravillas del Parque Nacional.

Así es que Max Real, sin ocuparse del tiempo que transcurría hizo provisión de imperecederos recuerdos ante el espectáculo que visitó como infatigable turista; los alrededores del lago Yellowstone y los estanques de ondas de púrpura que lo rodean.

Max Real caminando de maravilla en maravilla, recorrió las llanuras y fondos lacustres.

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