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Julio Verne revisitado
por Robert H. Sherard

Publicada en el periódico T.P.'s Weekly el día 9 de de 1903
Traducción española: Ariel Pérez

Durante el mes pasado ciertos rumores han alarmado al gran número de seguidores, en todo el mundo, de la obra de Julio Verne. Se dice que él está casi ciego. Sabemos que para él, vivir es trabajar, aunque sea ya un hombre muy viejo y su situación actual parezca en extremo precaria.

Me regresó el aliento al saber que las cosas no andaban tan mal como temía. Cierto es, que de uno de sus ojos ya no puede ver, pero aún puede ver un poco con el otro.

"Es una catarata en mi ojo derecho" - me dijo esta mañana en la sala de su casa, situada en el número 44 de Bulevar Longueville, de la ciudad de Amiens -, "pero el otro ojo todavía está en buenas condiciones. No quiero arriesgarme en una operación, debido a que aún puedo ver lo suficiente como para hacer un poco de mi trabajo diario, escribir un poco y leer unos instantes. Recuerde que soy un hombre muy viejo, ya estoy por encima de los setenta y seis años. Desde que salió al mundo la noticia de mis problemas con la visión, las simpatías hacia mi persona se han incrementado en muchas partes del mundo. He recibido numerosas cartas. Muchas personas me han enviado maravillosos remedios para las cataratas. Ellos me dicen que no permita que me operen, ya que estos remedios me curarán sin peligro. Son muy amables. He tenido muchas emociones por estos días pero yo sé, por supuesto, que una operación quirúrgica es la única cura."

Una vida hogareña confortable

No he visto a Julio Verne desde hace casi catorce años. La última ocasión en la que me encontraba a su lado fue cuando le presenté a Nelly Bly y la llevé a su casa, después de que ella terminara su famosa vuelta alrededor del mundo con el objetivo de romper la marca de los mágicos ochenta días. Aún así, no lo encuentro tan envejecido como esperaba. Parecía sentirse cómodo, arropado con su traje negro. Su cara rozagante por las cuales se extendía el pelo y la barba, que eran muy blancas, estaba serena y animada en ocasiones. Sus ojos no mostraban en modo alguno la apariencia de aquel que tiene semejante padecimiento.

Está viviendo ahora en una casa más pequeña, pero es opulenta y costosa y una vida hogareña confortable lo rodea. Cuando conversamos y él admite alguna derrota debido a las circunstancias y a la inevitable ley de la Naturaleza se apresura, siempre con su alegría nativa, a tratar de hallar alguna compensación.

Años de ventaja sobre sus editores

"Aun cuando puedo trabajar muy poco - realmente muy poco, si lo comparamos con años anteriores -, tengo un adelanto de varios años con respecto a la impresión de los libros. Mi libro más reciente de la serie Viajes Extraordinarios será publicado brevemente bajo el títuloLos piratas del Halifax. Mientras, existen otros trece manuscritos completos de la misma serie que están listos para ser impresos. Usted conoce que yo publico dos volúmenes por año, los cuales primero aparecen en forma seriada en la Revista de la Educación y la Recreación, de la cual soy uno de sus fundadores. Estoy trabajando en estos momentos en mi nueva historia que no será impresa hasta el año 1910. Tengo mucha ventaja. Por tanto no interesa mucho el hecho de que trabaje despacio, muy despacio. Me levanto como de costumbre a las seis de la mañana y permanezco trabajando en mi escritorio hasta las once. Por las tardes, como siempre he hecho, me dirijo a la habitación de lectura de la Sociedad Industrial de la ciudad y leo tanto como mis ojos me permitan leer."

Historias sin títulos

"No puedo decirle cuál es el título del libro que estoy escribiendo. No lo conozco aún. Tampoco tengo título para ninguna de las otras trece historias que están esperando su turno de impresión. Todo cuanto puedo decirle de la historia es que es algo sobre un drama en Livonia y que he introducido en ella... bueno, no, no debe escribirlo en su artículo. Otro escritor pudiera tomar mi idea."

Al hacer Verne este comentario, era inevitable entonces, que se hablara sobre Herbert George Wells.

"Yo sabía que me iba a pedir que hablara del tema" - dijo -. "Me enviaron sus libros y los he leído. Es algo muy curioso, y debo agregar que es muy al estilo inglés. Pero no veo posibilidad alguna de comparación entre su trabajo y el mío. No procedemos de la misma manera. Sus historias no reposan en bases científicas. No, no hay ninguna relación entre su trabajo y el mío. Yo hago uso de la Física. Él inventa. Yo voy a la Luna en una bala, disparada por un cañón. No hay invención alguna. Él va a Marte en una aeronave de metal que anula la ley de gravitación. Eso está muy bien" - dijo Verne animadamente - "pero, muéstreme ese metal. Permítales que se produzca."

La ficción convertida en realidad

También fue inevitable que me refiriera al hecho de que muchas de sus invenciones en ficción, se han convertido en realidad. En este momento de la conversación la amable señora Verne estuvo de acuerdo conmigo.

"Las personas son lo suficientemente amables para decir que es así" - dijo Julio Verne - "Están adulándome, pero no es cierto."

"No seas modesto, Julio" - le dijo su esposa -, "¿Y tus submarinos?"

"No hay relación" - dijo Verne.

"Si la hay" - replicó la señora Verne

"No. Los italianos habían inventado aparatos submarinos sesenta años antes de que yo creara a Nemo y su submarino. No hay ninguna conexión entre mi submarino y los que existen ahora. Estos últimos trabajan mecánicamente. Mi héroe, Nemo, es un misántropo, el cual no desea nada que venga de la tierra. Él toma su fuerza motora y produce la electricidad que necesita, tomando como fuente el mar. Hay bases científicas para eso. El mar contiene elementos que producen la energía eléctrica, así como la tierra tiene los suyos. El hecho está en que nadie ha descubierto como utilizar esta fuerza, por tanto no he inventado nada."

Los nombres en la ficción

Abordamos inmediatamente el asunto de la importancia de los nombres en las novelas de ficción.

"Le concedo cierta importancia a los nombres" - dijo - "Cuando encontré el apellido Fogg me sentí complacido y orgulloso. Y era muy popular. Fue considerado un hallazgo real. Pero fue especialmente el nombre, Phileas el que le dio tal valor a la creación. Sí, los nombres tienen gran importancia. Siga como ejemplo los padrinazgos de Balzac."

Habíamos comenzado a hablar en la sala, a su lado estaban dos grandes salones, más allá el comedor, y afuera, un jardín lleno de flores en el que el sol estaba brillando. La casa estaba formada por opulentos cuartos, con colgantes de terciopelo pesado, grandes relojes y espejos, retratos de cuerpo entero, cristal veneciano y raras baratijas. Naturalmente llegaba la hora de subir las escaleras y llegar así a las habitaciones de trabajo del hombre de letras.

Las habitaciones de trabajo eran: una para la lectura, aquí era donde estaba la mayor parte de su biblioteca; la otra para escribir; en ella había una pequeña mesa, una pluma y la tinta.

Sin lujo

Todo es muy sencillo aquí. No hay lujo. Se ven mapas en la pared y en la habitación que el escritor usa para redactar sus cuartillas se pueden observar varios cuadros entre los que se incluye uno, en acuarela, con la imagen del St. Michel, el yate en el cual, en los días libres y soleados de su inquieta juventud, Julio Verne navegaba por las aguas del mundo.

Entonces comenzamos a hablar de la encuesta americana e hice notar: "Debe haber al menos tres yardas de ellas"

El se sonrió e hizo un ademan de caminar hacia el estante para medirlo.

"Oh, sí" - dijo -, "he escrito al menos tres yardas. Mire además todas estas yardas de traducciones en inglés, francés, danés e italiano, en fin en varios idiomas."

Ocho grandes estantes estaban llenos de libros con el mismo nombre en la cubierta.

En el cuarto contiguo, desde donde se puede ver el crepúsculo, se observa junto a la ventana una pequeña mesa, donde casi todos los libros del autor han sido escritos. Una figura, que servía como pisapapeles, se encontraba en el umbral de la ventana. Detrás del asiento, colgada en la pared, había una pipa de fumar.

"Pero ellos no me permiten fumar, ahora" - dijo Julio Verne, en el mismo tono con el que George Meredith dijo algo similar en una ocasión.

En esta habitación se pueden encontrar todos sus libros favoritos, aquellos que son los que uno más usa. "Aquí encontrará toda la obra de Dickens" - dijo Julio Verne, con voz entusiasta -. "Como usted conoce, yo soy un apasionado admirador de Dickens. Creo que él tenía todas las cosas - como Sterne, del cual también soy un gran lector y admirador -; sensibilidad y sentimiento de buena factura, y personajes, excelentes personajes. Era un escritor pródigo, al igual que nuestro Balzac que creó un mundo en que modelaba la sociedad."

Habíamos llegado al final de la conversación y era con envidia que abandonaba este mundo solitario y gris. Allí, más allá de los colgantes de terciopelo se veía la mesa, pulcramente cubierta con dos forros, uno encima del otro. A su lado, la abigarrada ventana, la cual al abrirse dejaba ver el soleado jardín lleno de flores. En la repisa de la esculpida estufa, un resplandeciente samovar daba una nota de consuelo íntimo y familiar, en el lugar en que dos sillones se encontraban frente a frente.

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